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Estimados vecinos y vecinas,
En Albany, hay momentos en los que el tiempo deja de sentirse como una simple sucesión de fechas y comienza a medirse por sus consecuencias. Este es uno de ellos.
El camino hacia un presupuesto estatal de $263 mil millones avanza bajo una presión intensa: se acerca la fecha límite del 1 de abril, estamos en un año electoral que afila cada decisión, y el contexto global no da tregua. Los conflictos internacionales están elevando los costos de la energía y generando inestabilidad en los mercados que sostienen la economía de Nueva York. Al mismo tiempo, cambios en la política federal han tensado las redes de apoyo de las que dependen nuestras comunidades, obligando al estado a responder con claridad y responsabilidad.
Aquí en casa, el debate central no es nuevo: cómo generamos ingresos y quién debe asumir esa responsabilidad. La Legislatura ha propuesto, una vez más, que quienes tienen mayores recursos—individuos de altos ingresos y grandes corporaciones—aporten más para sostener y ampliar los programas de los que dependen millones de personas. Estas no son diferencias abstractas. Son decisiones concretas sobre a quién protegemos, qué defendemos y cómo entendemos la justicia en tiempos de incertidumbre.
Sin embargo, a medida que nos acercamos a la fecha límite, varios temas clave siguen sin resolverse—cada uno influyendo, y en ocasiones tensando, el camino hacia un acuerdo final. Permítanme compartir algunos de los principales puntos en discusión:
Sobre la política climática y energética
La Gobernadora ha presentado, en esta etapa avanzada, una propuesta para ajustar la implementación de los objetivos de reducción de emisiones bajo nuestra ley climática. Esto incluye retrasar ciertos plazos regulatorios y modificar la forma en que medimos el progreso. La preocupación principal es el costo—especialmente el impacto en las facturas de servicios públicos. Esa preocupación es real. Las familias la están sintiendo. Pero no podemos enfrentar la crisis de asequibilidad retrocediendo en nuestros compromisos. Debemos encontrar un camino que reduzca costos mientras seguimos invirtiendo en energía limpia y sostenibilidad a largo plazo.
La pregunta no es si la asequibilidad importa—es cómo la garantizamos sin comprometer la integridad de nuestros compromisos.
Sobre el desarrollo y la revisión ambiental
También se debate una propuesta para modificar la Ley Estatal de Revisión de Calidad Ambiental (SEQRA), que regula cómo evaluamos el impacto ambiental de nuevos desarrollos. El objetivo es acelerar la construcción de vivienda, algo que necesitamos con urgencia. Pero debemos hacerlo sin debilitar las protecciones que garantizan la participación de las comunidades y un desarrollo responsable. El crecimiento y la rendición de cuentas deben avanzar de la mano—no a costa de la salud comunitaria ni del medio ambiente. Aquí, el equilibrio entre urgencia y responsabilidad sigue en discusión.
Sobre el derecho a la protesta
Otro tema en consideración es la creación de zonas de amortiguamiento alrededor de lugares de culto, limitando las protestas en esas áreas. Garantizar que las personas puedan reunirse y practicar su fe con seguridad es fundamental. Pero también debemos actuar con cautela cuando la legislación toca derechos constitucionales esenciales como la libertad de expresión y la protesta pacífica. No son decisiones sencillas. Requieren equilibrio y reflexión—no medidas apresuradas que puedan debilitar las libertades que sostienen nuestra democracia.
Sobre la situación fiscal de la Ciudad de Nueva York
La ciudad enfrenta un déficit presupuestario significativo—estimado en $5.4 mil millones. Como respuesta, se ha planteado permitir que la Ciudad de Nueva York aumente los impuestos sobre la renta a las personas ultra ricos y a las grandes corporaciones. Este enfoque responde a un principio que he defendido consistentemente: equidad, responsabilidad fiscal y la convicción de que quienes más tienen deben contribuir de manera proporcional. Es el mismo principio que impulsa el Proyecto de Ley del Senado S1622, que presenté para avanzar hacia un sistema tributario más equilibrado y sensible a las realidades de nuestras comunidades. Nuestro estado debe construir una estructura que cumpla con sus obligaciones sin dejar de sostener los servicios esenciales.
Nada de esto ocurre de manera aislada. Son piezas de una conversación más amplia sobre cómo gobernamos en momentos de presión, sin perder de vista nuestros valores.
Mientras continúan las negociaciones, la responsabilidad es clara: fortalecer lo que funciona, resistir lo que nos haría retroceder y lograr un presupuesto final que reduzca costos, proteja la salud pública y mantenga a Nueva York avanzando.
Porque un presupuesto no es solo un documento financiero. Es una declaración de prioridades—y, en última instancia, de quiénes decidimos ser como estado.
Para mí, esa responsabilidad es profundamente personal. Cada línea que negociamos debe reflejar las realidades de vida del Distrito 31. Debe honrar la dignidad de las familias trabajadoras, fortalecer el tejido de nuestros vecindarios y acercarnos a un Nueva York donde la equidad no sea una promesa, sino una práctica cotidiana.
En las próximas semanas, seguiré manteniéndoles informados—sobre lo que logramos, lo que fortalecemos y lo que sigue en juego.
Más abajo encontrarán actualizaciones de nuestro distrito, así como recursos y oportunidades disponibles para ustedes y sus familias.
En solidaridad,
RJ
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