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Estimados vecinos y vecinas,
Mayo es un mes de movimiento—un cruce de memoria, trabajo y renovación.
Comienza con el Día Internacional de las y los Trabajadores, donde honramos a quienes sostienen al mundo con sus manos, su corazón y su voluntad. Cerramos con el Día de los Caídos, recordando a quienes entregaron todo al servicio de este país. Y, entre ambos, celebramos a las madres—esas arquitectas de nuestras vidas. Pienso en mi madre, cuyo amor sigue siendo mi ancla; en mi esposa, que crió a nuestras tres hijas con fortaleza y gracia; y en mi hija, que hoy recorre su propio camino hacia la maternidad. Ellas me recuerdan que la ternura y la tenacidad no son opuestos—son la clave para resistir y liderar.
Mayo también es el Mes de la Concienciación sobre la Salud Mental—una invitación a romper el silencio sobre los dolores que, tantas veces, cargamos en soledad. La verdadera salud—y la verdadera justicia—exigen cuidar la mente, el espíritu y las heridas que no siempre se ven.
Estas reflexiones me sostienen mientras enfrentamos los desafíos que tenemos por delante. Porque las políticas por las que luchamos deben reflejar los valores que defendemos. Este mes nos enseña que lo que sembramos con intención puede florecer y perdurar.
Sin embargo, mientras mayo nos llama a honrar la vida, el trabajo y el crecimiento, Albany sigue atrapado en demoras. A pesar del anuncio prematuro de la Gobernadora sobre un supuesto “acuerdo marco,” la realidad es que aún no tenemos un presupuesto final. Decisiones críticas sobre educación, salud mental, cárceles y seguridad pública siguen pendientes, tras puertas cerradas.
En el centro de este debate está el futuro de la Foundation Aid—la fórmula que determina cómo financiamos nuestras escuelas. Se destinó un millón de dólares para estudiarla y modernizarla, pero aún no hay consenso sobre cómo implementar sus recomendaciones. Como demandante en la histórica demanda por Equidad Fiscal, y defensor de la educación pública toda mi vida, sigo exigiendo una fórmula de financiamiento acorde a las realidades actuales: mayor apoyo a estudiantes de inglés, un índice de costos regional actualizado y una inversión más profunda en el derecho constitucional de cada niño y niña a una educación básica y de calidad.
Hoy, los distritos escolares de Nueva York están siendo obligados a elaborar presupuestos sin conocer qué apoyo recibirán del Estado. Esto no es gobernar; es apostar con el futuro de nuestras escuelas. Nuestras comunidades merecen algo mejor. El presupuesto estatal debe ser un plan fiscal, no una moneda de cambio política. Debe ofrecer visión, no confusión. Rumbo, no dilación.
Los próximos días serán decisivos. Y yo me mantengo firme—luchando, negociando y organizando junto a mis colegas para garantizar que la justicia, la equidad y la verdad no se sacrifiquen tras puertas cerradas.
Mientras seguimos luchando por un Nueva York más justo, espero que este fin de semana les brinde un momento de paz y reflexión. Gracias por su resiliencia, su compromiso y su fe en un futuro mejor—uno que estamos construyendo juntas y juntos.
En solidaridad,
RJ
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