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Estimados vecinos y vecinas,
La semana pasada, mientras estaba junto a mi familia animando a mi nieto en el Campeonato Nacional Juvenil de Clavados de USA Diving 2026, mis pensamientos se apartaron por un momento de aquella alegría. Comenzaron a llegar llamadas y mensajes de nuestros vecinos. Mientras una generación alcanzaba nuevas posibilidades, otra volvía a enfrentar, aquí en casa, el miedo promovido desde el gobierno.
Los reportes fueron profundamente preocupantes. En Inwood, un vehículo sin identificación. Agentes enmascarados que se negaban a identificarse. Una vecina fue atacado con gas pimienta por un agente de ICE, sin justificación alguna. Esto fue un abuso del poder federal llevado a cabo mediante la intimidación. Cuando el miedo se convierte en una estrategia de gobierno, no solo inquieta a un vecindario. También debilita la confianza sobre la cual descansa toda democracia.
El Distrito 31 siempre ha sido formado por los sueños de los inmigrantes. Nuestros vecindarios no fueron construidos por el miedo. Fueron construidos por personas que cruzaron fronteras, aprendieron nuevos idiomas, abrieron pequeños negocios, criaron familias y creyeron que esta nación podía ser más fiel a sus propios ideales. Por eso, el uso deliberado de la intimidación golpea tan profundamente. No solo busca atacar a individuos. Busca erosionar el sentido de pertenencia que generaciones enteras han trabajado para construir.
Al recorrer nuestro distrito esta semana, desde Inwood y Washington Heights hasta Kingsbridge, University Heights, Morris Heights y Riverdale, escuché el peso silencioso que estos hechos han dejado sobre nuestra comunidad. Padres y madres preguntándose si es seguro salir a trabajar. Niños haciendo preguntas que ningún niño debería tener que hacer. Personas mayores murmurando en voz baja: “Otra vez”. Es un recordatorio de que el miedo rara vez llega como un solo acontecimiento. Se instala en la vida diaria, pidiéndole a la gente que reduzca sus rutinas, calle sus voces y dude de si realmente pertenece.
Precisamente por eso debemos rechazarlo.
La responsabilidad del gobierno no es fabricar miedo, sino proteger la dignidad y los derechos constitucionales de cada persona. La medida de una democracia no está en cómo trata a quienes tienen más poder, sino en cuán fielmente protege a quienes son más vulnerables. Las leyes sin humanidad se convierten en instrumentos de intimidación. La justicia sin rendición de cuentas se convierte en poco más que una consigna.
Por esta razón, sigo comprometido en Albany con impulsar legislación que fortalezca las protecciones para las comunidades inmigrantes y defienda los derechos civiles y humanos de cada neoyorquino y neoyorquina. La legislación puede fortalecer la democracia, pero solo el pueblo la sostiene con valentía, solidaridad y la voluntad de negarse a vivir con miedo.
A cada familia que se siente ansiosa después de las recientes operaciones federales de inmigración en el norte de Manhattan y el Bronx, quiero decirles esto: no están solos. En toda nuestra comunidad, los vecinos no han respondido con silencio, sino con solidaridad. El Comité de Justicia para Inmigrantes de Inwood Indivisible, Cabrini Immigrant Services, la Northern Manhattan Coalition for Immigrant Rights, la New York Immigration Coalition y tantas otras organizaciones continúan acompañando a las familias, recordándonos que, aunque el miedo busca aislarnos, la comunidad siempre ha sido nuestra mayor fuente de fortaleza.
Sobre la base de esa respuesta comunitaria, mi equipo ha pasado la última semana recorriendo nuestros vecindarios, distribuyendo materiales de Conozca sus Derechos, conectando a residentes con organizaciones de confianza y ayudando a las familias a enfrentar este momento con información y apoyo. También he exhortado al público a documentar de manera segura cualquier operativo federal de inmigración. La transparencia no es desafío. Es uno de los principios más antiguos de la rendición de cuentas democrática. Cuando el pueblo da testimonio, el gobierno recuerda que también debe responder ante la gente.
Así que les dejo esta pregunta: ¿qué tipo de Nueva York estamos decididos a construir juntos?
Yo creo en una Nueva York donde ningún niño tema que su madre o su padre desaparezca camino al trabajo. Una Nueva York donde ninguna familia se vea obligada a vivir bajo la sombra de la intimidación. Una Nueva York donde la justicia no se mida por el poder que el gobierno puede ejercer, sino por la libertad que es capaz de proteger.
Esa visión merece ser defendida. Merece que nos organicemos por ella. Merece convertirse en ley.
A continuación, encontrará actualizaciones comunitarias, recursos útiles y oportunidades para que usted y su familia se mantengan informados, conectados y comprometidos.
En solidaridad,
RJ
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